7 de jun. de 2011

EL HIJO PRODIGO - JUAN DE ESPINOSA MEDRANO

 AUTOR : JUAN DE ESPINOSA MEDRANO
  (Calcauso, Perú, aproximadamente 1629 - Cusco, 13 de noviembre de 1688) conocido con el apodo de El Lunarejo, fue un clérigo y literato del Perú.
Lo llamaban así por el lunar o lunares que marcaban su rostro, y en vida fue ya toda una leyenda. Se dice que cuando el virrey Pedro Antonio Fernández de Castro, X Conde de Lemos, llegó al Cusco, uno de sus primeros actos fue asistir a una misa celebrada por "El Lunarejo". Enraizado en el imaginario popular, todavía en el siglo XIX se relataban entre las viejas familias cusqueñas, como lo recuerda Clorinda Matto de Turner, algunas de las anécdotas que protagonizara. La más conocida nos lo muestra predicando a templo repleto e interrumpiendo su sermón para pedir a la multitud: "Señores, den lugar a esa pobre india que es mi madre".
Ésta es la base para sostener que Juan de Espinosa Medrano fue de linaje indígena, pero en realidad, salvo su obra, se ignora casi todo sobre este escritor, uno de los más importantes de la Hispanoamérica colonial.
Si se sabe que el lunarejo nació en Calcauso, en la actual provincia de Antabamba, Apurímac, posiblemente en 1629. También, que gracias a su precoz talento y al apoyo del cura de su pueblo se le abrieron las puertas del Seminario de San Antonio Abad del Cusco y luego las de la Universidad de San Ignacio de la misma ciudad, donde se graduó. Políglota y polifacético, antes de los 18 años ya escribía autos sacramentales, componía música sacra y dominaba el latín, el griego, el hebreo y, por supuesto, el quechua.


RESUMEN DE LA OBRA EL HIJO PRÓDIGO DE JUAN ESPINOZA MEDRANO

El hijo prodigo es un drama de carácter religioso que se enraíza con el teatro quechua.
Como su nombre lo sugiere, su nombre es una versión de la parábola bíblica, pero con fuertes elementos indígenas. El hijo menor e Kuyaj Yaya, Hurin Saya, joven convertido al cristianismo, inicia un viaje con la finalidad de conocer el mundo, enriquecer sus conocimientos y deleitarse con todo lo bueno que puede encontrar en la vida.
En su travesía lo acompañan Diospa Simin (la Palabra de Dios), que permanentemente lo aconsejará para que no se desvíe del buen camino, y Uku (el cuerpo), que es un bufón.

Los tres se encuentran primero con Huayna Kari, símbolo de la juventud, y luego con Mundo, que es sinónimo de diversión, de placeres. Mundo le presenta a su hermana Aicha, que representa a la voluptuosidad, y Hurin Saya se enamora perdidamente de ella, e inicia una vida licenciosa que lo destroza física y moralmente. Harapiento y desfigurado, busca a sus amigos de diversión, pero todos lo echan porque ya no tiene dinero para gastar en fiestas.

En su desesperación, el joven cristiano se hace sirviente del diablo, entristecido por sus penurias, al final de la obra, la palabra de Dios lo rescata del infierno, y Hurin Saya regresa a su hogar, donde su padre lo recibe jubiloso, ante la protesta del hermano mayor, Hanan Saya, que no había salido de su casa.

 



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